Cuando piensas en meditación, ¿qué es lo primero que te viene a la mente? Seguramente, la imagen de un monje budista sentado de “chinito” con los ojos cerrados, o un yogui en la misma posición.
La realidad es que la meditación es mucho más que sentarse en esa posición, cerrar los ojos y “tratar de poner la mente en blanco” (justo no debemos de tratar eso). Es una técnica milenaria, practicada por millones de personas desde hace miles de años. La primera evidencia escrita en la que se menciona esta técnica es de 1500 a.C.
Patanjali habla de esta técnica en los Yoga Sutras como una de las 8 extremidades del yoga. Judíos, taoistas, filosofos griegos, budistas; todos han hablado de esta maravillosa herramienta.
En fin, la meditación ha roto las barreras del tiempo y de las creencias por ser una herramienta sumamente poderosa para el bienestar de las personas.
Pero, ¿qué es la meditación?
Básicamente es el entrenamiento de la mente para lograr alcanzar una mayor conciencia y entendimiento de la vida. No se trata de poner la mente en blanco, si no en regresarla a su lugar para poder disfrutar el presente.
Y antes de poder entender qué es la meditación, me gustaría que entendiéramos qué es la mente.
La mente es una entidad que no se ve ni se toca. Su tarea es absorber información, almacenarla y con esa información crear su realidad, es decir que nuestra realidad depende 100% de la información que tengamos almacenada. Esta es la razón por la cual es importante cuidar todo lo que consumimos, todo lo que dejamos que entre a nuestra mente porque esto afecta directamente a cómo nos sentimos, pensamos y actuamos.
Si vibras en miedo, eso es lo que vas a experimentar.
Si vibras en amor y cuidas tu frecuencia energética, vas a experimentar una realidad basada en el amor.
Los seres humanos tenemos 3 tipos de mentes:
La mente ordinaria es aquella que vive en el pasado y en el futuro, la que se angustia, la que vive desde el ego y no desde el amor. La que busca los placeres inmediatos, la que tiene miedo, envidia, celos. Todo lo que tenga que ver con el miedo y no con el amor, es la mente ordinaria. Y es ésta con la que normalmente vivimos nuestros días.
Si has meditado, la mente contemplativa es la que alcanzamos al estar en este momento meditativo en donde todo se siente bien. Es cuando simplemente contemplas sin reaccionar, dirigiendo tu mente.
También, tenemos a la mente suprema que es todo lo opuesto a la ordinaria; la que vive desde el amor, en el presente, que vive todo de manera orgánica, busca la evolución y busca acciones que la encaminan hacia una mejor vida, con sentido y buscando hacer las cosas desde ese lugar de paz y plenitud.
La mente suprema es nuestra conciencia, nuestra alma; el alma es perfección, empatía, conexión y compasión.
Nuestra tarea al meditar es la de lograr que nuestra mente pase de ser ordinaria a ser contemplativa, una y otra vez.
Te estarás preguntando, ¿para qué me sirve esto?
Para que en tu día a día, logres vivir bajo tu mente contemplativa lo más que puedas y siempre que ésta se vaya a lo ordinario, logres regresarla a ese lugar amoroso que tan bien nos hace sentir.
Meditar nos ayuda a vivir en el único tiempo existente: el presente, el hoy, el ahora. Y a estar conectados, viviendo desde el amor y bajo la idea de que todos estamos conectados de alguna forma, que debemos de siempre buscar la evolución para nuestro mayor bien y el de todos los que nos rodean.
Si nunca en tu vida has meditado, aquí te dejamos algunos sencillos tips que seguro te ayudarán.
Ojalá esto sea de ayuda.
Con cariño,
Maridalia Ocampo